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Tema: La evolución
de la economía mexicana en 2004.
Resumen: La fase de
desaceleración de la economía mexicana iniciada en 2001 por la
brusca caída de la actividad en el mercado de Estados Unidos que
causó una tasa negativa de crecimiento del PIB del 0,1%, fue
seguida por dos años de estancamiento en los que la economía
mexicana consolidó significativos grados de estabilidad. Estos tres
años han dado paso, en 2004, a un proceso de recuperación basado,
sobre todo, en el dinamismo de las exportaciones, acompañado de la
recuperación de la inversión en los sectores vinculados a estas
actividades. Es por eso que su consolidación dependerá de que se
despejen las incertidumbres hoy presentes en la economía internacional
provenientes de la propia economía americana el principal mercado
de las exportaciones mexicanas y del complejo impulso al dinamismo del
mercado interno.
Análisis: El PIB ha
crecido el 3,7% y el 3,9% en los dos primeros trimestres del año y se
estima que superará el 4% en el tercero, por lo que es fácil que
se cumplan las previsiones de que para el conjunto del año se
sitúe en el 4%. Esta importante recuperación ha estado
determinada por el intenso crecimiento de las exportaciones estimuladas por la
demanda de su principal socio comercial, Estados Unidos, y por el incremento de
las ventas externas de petróleo a los nuevos precios vigentes en el
mercado internacional. Las exportaciones mexicanas han reaccionado con rapidez
y flexibilidad a la demanda de manufacturas de Estados Unidos, originando una
importante recuperación de la inversión en maquinaria y bienes de
equipo (que ha crecido a tasas del 5% mientras que había registrado
tasas negativas en los últimos tres años). Este nuevo ambiente
expansivo ha propiciado una atmósfera positiva a la que se ha sumado el
consumo privado, apoyado en la entrada de mayores remesas de emigrantes
procedentes de Estados Unidos, una suave mejora en los niveles de empleo y la
expansión del crédito al consumo.
El dinamismo de las exportaciones a Estados
Unidos ha contribuido a la recuperación de la industria de maquinaria y
equipo, recuperación que además es responsable del 40% de la
expansión del sector manufacturero hasta el mes de septiembre. Esta rama
industrial de maquinaria y equipo cuyos subsectores más destacados
son los de vehículos de transporte, y productos y componentes
electrónicos exporta el 60% de su producción, y sus
exportaciones representan el 70% de las exportaciones manufactureras. No es
extraño, por tanto, que el ritmo de actividad económica del
país se encuentre estrechamente vinculado a la marcha de estos sectores,
lo que explica el estancamiento de los años anteriores, ya que mientras
el mercado americano no recuperase el grado de dinamismo requerido para el
despegue de las exportaciones mexicanas se retrasaría la propia
recuperación de los niveles de actividad anteriores a la fase de
contracción iniciada en 2001. El nuevo ritmo de crecimiento de la
industria manufacturera se ha localizado tanto en la industria maquiladora como
en el resto de las actividades industriales que han registrado, en su conjunto,
en los nueve primeros meses del año una tasa de crecimiento del
12,5%.
La demanda externa ha estimulado junto a las
industrias vinculadas a la expansión de la producción de
vehículos de transporte como la industria del caucho y del
plástico, y de derivados de petróleo las exportaciones de
otras industrias manufactureras (que ha pasado de registrar una
tasa del 8,3% en 2003 a una tasa estimada del 6% en 2004), y la industria
de minerales no metálicos (que de una situación de crecimiento
0 ha pasado a crecer por encima del 5%). De la misma forma, la
intensa expansión de la inversión ha estimulado el crecimiento de
la industria de bienes intermedios principalmente de la siderurgia y
transformación metálica (por encima del 6%), y la industria de la
madera (que crece al 3%) así como la industria de productos
metálicos, maquinaria y equipos, si bien en éstas el principal
estímulo proviene, como se ha señalado, de la demanda de Estados
Unidos.
Esta expansión de las actividades
manufactureras ha tirado de la producción minera, sector que ha visto
como la producción de minerales no metálicos y de hierro han
registrado tasas de crecimiento de dos dígitos (INEGI). A este
crecimiento ha contribuido también la renovada expansión de la
construcción, puesto que su tasa es fácil que duplique la
registrada en 2003. La construcción, que crece tanto por la actividad de
viviendas como por la inversión en infraestructuras, ha contribuido
también a estimular la producción de la industria metálica
básica, el cemento, cerámica, etc. En infraestructuras, el
gobierno tiene previsto invertir para el conjunto del año 5.500 millones
de dólares en carreteras y autopistas, en la mejora de la red de
ferrocarriles y en aeropuertos, y financiarlos con ingresos fiscales
provenientes del petróleo, aprovechando la ventaja de los elevados
precios vigentes en el mercado internacional.
El dinamismo del sector exportador, la
expansión de la construcción y el repunte de la inversión,
que han determinado una significativa recuperación de la actividad
manufacturera, no han contribuido, sin embargo, a crear una nueva oleada de
nuevos empleos. Es cierto que el desempleo abierto comenzó a reducirse a
partir del mes de febrero y que ha supuesto un importante cambio de la
tendencia vigente en los últimos años. Pero también es
cierto que la creación de empleo que acompaña esta nueva etapa de
recuperación económica es mayor en la agricultura, la
construcción y los servicios que en el sector manufacturero como en
principio se cabría suponer. Esta situación, lejos de ser
extraña, es bastante frecuente según muestra la experiencia de
otros países. El sector manufacturero está sujeto a una intensa
competencia internacional y tiene que mantener una alta productividad que
consigue aumentando la relación capital/trabajo, lo que le lleva
cuando entra en una fase de crecimiento tras un periodo de
estancamiento a expandirse aumentando el grado de utilización de
la capacidad productiva instalada con el menor número de trabajadores
posible. Eso explicaría que el número de trabajadores en la
industria maquiladora en actividades de ensamblaje de vehículos
automóviles, y de productos y componentes electrónicos siga
siendo entre un 20% y un 30% inferior a los contratados en estas mismas
actividades a finales del año 2000.
Los modestos niveles de creación de
empleo en el sector manufacturero, así como los empleos creados en la
agricultura, la construcción y los servicios, determinan un bajo ritmo
de creación de empleo, de forma que el desempleo abierto se situaba en
agosto en el 4,35% y en septiembre en el 4,01%, todavía muy alejados del
nivel de desempleo vigente en el año 2000, antes de la toma de
posesión del Presidente Vicente Fox. Junto al bajo ritmo de
creación de empleo existen además dos fenómenos
preocupantes: la escasa mejora de las rentas salariales y el deterioro de la
calidad de los empleos. Los salarios revisados en negociaciones se han situado
1 punto porcentual por debajo de la inflación en curso y varias
décimas por debajo de la inflación esperada, y aunque la brecha
con la inflación esperada parece que se va reduciendo ya que en
septiembre se han revisado al 4,3%, todo indica que se producirá una
pérdida de poder adquisitivo (A. Vieyra y P. Ibarlucea,
Banamex, nº 944 y nº 946). Por otra parte, más de la
mitad de los empleos creados tienen carácter temporal, y los
trabajadores peor situados en el mercado de trabajo sufren un deterioro en sus
reducidas remuneraciones. Así, los trabajadores que cobran un salario
situado por debajo del salario mínimo han aumentado a lo largo del
año y en agosto representaban el 10,70% de la fuerza de trabajo. De
igual manera, los trabajadores clasificados en el grupo de condiciones
críticas de ocupación han pasado del 8,9% en agosto de 2003
al 9,20% en agosto y al 9,1% en septiembre de este año. Esto significa
que algo más del 20% de la fuerza de trabajo tiene un salario inferior o
muy inferior al salario mínimo.
A pesar de la discreta creación de
empleo y de la ajustada revisión de los salarios, la recepción de
mayores remesas de los emigrantes y, sobre todo, las expectativas positivas que
ha traído la tan esperada recuperación de la actividad, ha
animado la demanda de crédito al consumo. La confluencia de estos
elementos explica el crecimiento del consumo privado que crece a una tasa
cercana a la del PIB en los nueve primeros meses del año y la
recuperación de los sectores vinculados a su demanda tales como
alimentos, bebidas y tabaco, y la industria textil, de la confección y
del cuero (que ha pasado de una tasa negativa del 9% en 2003 a una positiva del
2,7%). Estas últimas actividades, que tuvieron una significativa
participación en las exportaciones del país, se vieron
desplazadas por la competencia de productos similares procedentes de China. En
esta ocasión, su muy discreta recuperación se debe a la demanda
interna, pero no hay que perder de vista que el próximo mes de enero
perderá su vigencia el Acuerdo Multifibras y quizá la
industria textil y de la confección de México pueda recuperar
parte de la importancia perdida en las exportaciones. La demanda de consumo
también se ha extendido a las importaciones, de forma que se ha
verificado un crecimiento de las importaciones de bienes de consumo y en
particular de automóviles.
Rumbo de estabilidad: control del
déficit público, control de la inflación y gestión
de la deuda pública El gobierno persevera en su estrategia de
mantener controlado el déficit público, y su objetivo en 2004 ha
consistido en alcanzar un déficit del 0,3% del PIB. A tal fin, ha
tratado de controlar el crecimiento de los gastos y aprovechar la favorable
coyuntura internacional que atraviesan los precios del petróleo tanto
para incrementar sus ingresos como para dedicar una parte de ellos a gastos de
inversión. Los ingresos públicos en México representan el
22,7% del PIB. De ellos el 34% proceden del petróleo (y de PEMEX procede
un 11% de los mismos, es decir un tercio de los ingresos del sector
público por petróleo); sólo el 42% de los ingresos
proceden de impuestos, lo que representa el 10,8% del PIB, y el resto
están formados por ingresos no impositivos y resultados de otras
empresas públicas que representan el 21% de los ingresos totales del
sector público y el 5,2% del PIB.
No es extraño, como indicamos en un
ARI anterior (La economía de México en 2003, 14/I/2004),
que México sea, junto con Venezuela, el país con menor
recaudación tributaria respecto al PIB del grupo formado por los
países más importantes de América Latina. Y este es un
aspecto que tiene que modificarse para que la política fiscal por el
lado de los ingresos adquiera un perfil similar al del resto de las
economías de mercado modernas y reduzca su grado de dependencia de los
ingresos del petróleo y también de los recursos de PEMEX. El
hecho de que los recursos de esta empresa formen parte de los ingresos del
sector público ha reducido su capacidad de inversión en la
expansión de la actividad petrolera, lo que ha limitado el aumento de la
capacidad extractiva y, por tanto, el futuro incremento de los ingresos
derivados de mayores ventas de petróleo.
El gobierno elaboró los presupuestos
para 2004 con la estimación de un precio del barril de petróleo
situado en 20 dólares y su evolución real se ha situado muy por
encima del 50% del precio previsto. Al mismo tiempo, el nivel de actividad
también está permitiendo un significativo incremento en los
impuestos indirectos y, en menor medida, también en la imposición
directa. Así, es fácil que no sólo se alcance el objetivo
previsto de un déficit del 0,3% del PIB, sino que es probable que se
mejore esta cifra a pesar del incremento previsto en los gastos de
inversión aprovechando la bonanza de la coyuntura petrolera. El
déficit adquiere una dimensión mayor cuando se incorporan a las
cuentas públicas los compromisos financieros del sector público.
Estos compromisos financieros incluyen los pasivos del gobierno ocasionados por
el IPAB (fondo de rescate de los bancos comerciales establecido en los
noventa), el Pidiregas y otros fideicomisos.
Esta favorable evolución ha permitido
seguir en la estrategia de reducir el stock de deuda pública. La
política seguida por el gobierno Fox ha consistido en controlar el stock
de deuda manteniéndolo estable y en lo posible reducirlo en
relación al PIB. La deuda pública neta a finales de agosto de
2004 representaba el 24,8% del PIB, un nivel más bajo que el registrado
a finales de 2003, que era del 25,2%. Esta categoría no tiene en cuenta
la deuda de otras entidades públicas tales como la deuda del IPAB, de
los Piridegas, la del Farec y las de otros fideicomisos que, en términos
conjuntos, se situaba a finales de 2003 en el 43% del PIB. La estrategia
diseñada para la financiación del sector público contempla
un progresivo aumento de la financiación interna y una reducción
de la búsqueda de recursos en los mercados internacionales. De esta
forma, no sólo se reduciría la vulnerabilidad financiera del
sector público sino que se impulsaría el desarrollo del mercado
de capital doméstico. De ahí que junto al objetivo de
déficit el gobierno se haya propuesto seguir reduciendo el stock de
deuda, en particular el tramo de deuda externa.
Esta estrategia fiscal ha permitido cosechar
resultados positivos a pesar de que en los últimos 6 años no han
funcionado los ajustadores fiscales. Desde 1998 las leyes de
Presupuestos incluían los denominados ajustadores fiscales, un
instrumento introducido para conseguir que los gastos públicos no
creciesen más que los ingresos y garantizar el objetivo de
déficit previsto, e incluso disminuirlo. En la práctica, los
ajustadores fiscales no han funcionado, o mejor dicho, se han puesto en
funcionamiento para reducir gastos cuando han caído los ingresos, pero
cuando se han obtenido mayores ingresos de los previstos en lugar de reducir el
déficit o destinarlo a la amortización de deuda se ha optado por
aumentar el gasto de inversión. Es por eso que la política fiscal
suele ser calificada de pro-cíclica: a menores ingresos se busca una
reducción de gastos para conseguir el objetivo de déficit
previsto y cuando se obtienen mayores ingresos en una fase
expansiva se incrementa el gasto de inversión en lugar de reducir
el déficit o amortizar deuda. El único mecanismo de ajuste fiscal
ha sido los ingresos que proporciona el petróleo y, en este sentido, el
Fondo de Estabilización del Petróleo (FEP). El FEP proporciona
recursos cuando caen los ingresos fiscales en periodos de precios del
petróleo al alza, y en fases de alta recaudación se
incrementan los recursos del Fondo con los ingresos del
petróleo.
Existen factores de riesgo para el
crecimiento de los próximos años Sin embargo, existen
factores de riesgo que amenazan el crecimiento en los próximos
años. Por ahora la desaceleración del consumo privado en Estados
Unidos no ha trasladado sus efectos negativos sobre las exportaciones
manufactureras mexicanas, puesto que éstas todavía se centran en
ciertos sectores de la industria maquiladora tales como los de productos
eléctricos y electrónicos y partes y componentes de
vehículos y automóviles. Pero si la demanda cambia la tendencia
pronto sus efectos se harán sentir sobre las exportaciones mexicanas. Si
la desaceleración del sector exterior fuese importante se
afectarían de forma negativa las expectativas de empleo, lo que
incidiría en el consumo privado y, por tanto, en la recuperación
de la demanda interna. A esto se añade el hecho de que el Banco Central
de México (Banxico), consciente de que la inflación se encuentra
ya más allá del límite previsto del 4%, ha seguido en su
línea de endurecimiento de la política monetaria y en octubre
subió el corto de 51 a 57 millones de pesos diarios, lo que
hará, cuando menos, que se encarezca y se modere el ritmo de
expansión del crédito al consumo.
Aún así, existen
síntomas de que continúan las presiones inflacionistas y
así se refleja también en la evolución de la
inflación subyacente aunque sus principales componentes se encuentran en
la categoría de los no subyacentes. Desde que los componentes
tradicionales perdieron su capacidad de determinar las presiones inflacionistas
es decir, tanto los salarios indexados establecidos en negociaciones
centralizadas como las empresas con poder de mercado suficiente para trasladar
los incrementos de costes a precios la coherencia inter-temporal de la
política monetaria ha facilitado la previsibilidad del tipo de cambio y
se ha reducido el grado de transmisión o pass-through de las
variaciones del tipo de cambio a la inflación. De esta forma, los
precios administrados son, en la actualidad, los que desempeñan una
mayor influencia en la evolución de la inflación. No obstante, no
hay que perder de vista en los próximos meses el impacto que pueda tener
la depreciación del tipo de cambio en la evolución de la
inflación.
Las previsiones de inflación
revisadas para el conjunto del año se sitúan en el 5,4%, por lo
que cabe esperar que el Banxico continúe subiendo el corto
en su línea de mantener una política monetaria restrictiva. Esto
evitaría que las expectativas de inflación se trasladasen a la
política monetaria en espera de una mayor pasividad, lo que a su vez
estimularía una mayor depreciación del tipo de cambio del peso,
resucitando un elevado pass-through del tipo de cambio sobre la
inflación y estableciendo, de nuevo, un círculo de inestabilidad.
Sin embargo, las señales del Banxico son claras. La política
monetaria mantiene su carácter restrictivo para mostrar su compromiso
con el objetivo de controlar y, en lo posible, reducir la inflación, de
forma que el tipo de cambio pueda mantenerse estable y el pass-through
reducido.
En este contexto monetario más
restrictivo, es probable que las empresas revisen sus decisiones de
inversión y moderen su ritmo de crecimiento. De esta forma, cabe
señalar que si la economía de Estados Unidos ve reducido su ritmo
de crecimiento, la tasa de crecimiento esperado para la economía
mexicana puede obligar a cambiar las previsiones para 2005, puesto que la tase
prevista del 3,7% ya inferior a la del 4,3% de 2004 podría
ser todavía algo menor.
A vueltas con los problemas
estructurales sin resolver Hay dos aspectos, en términos
estructurales, que van a estar siempre lastrando el dinamismo de la
economía mexicana, salvo que se adopten las correspondientes medidas. En
primer lugar, el país para su crecimiento a medio y largo plazo no puede
desentenderse de la necesidad de llevar a cabo inversiones en las actividades
de energía, electricidad e infraestructuras. Las inversiones en estas
actividades son relevantes no sólo por su contribución al
crecimiento del PIB sino porque resultan imprescindibles para el aumento de la
productividad y de la competitividad. El Estado está aprovechando el
exceso de recursos procedentes de los elevados precios del petróleo para
dedicar una parte a inversiones en infraestructuras. Pero apenas se avanza en
el diseño de una estrategia para estimular las inversiones en recursos
energéticos y electricidad. De ahí que sea la falta de reformas
estructurales en estas actividades las que constituyen uno de los principales
obstáculos para el crecimiento económico en los próximos
años. En segundo lugar, se encuentra el problema de la
distribución de la renta. La distribución de la renta es clave en
la configuración moderna de un mercado interno capaz de imprimir cierto
grado de dinamismo a la economía para que el crecimiento no dependa
completamente de los vientos favorables provenientes del mercado externo. Y,
sin embargo, es un tema que se encuentra fuera de las agendas tanto de los
principales agentes económicos del país como de los partidos
políticos.
Prueba del escaso avance en la
clarificación del panorama fiscal lo constituye el contenido de lo
aprobado en la ley de Ingresos por la Cámara de Diputados en este mes de
noviembre. La Convención Nacional Hacendaria presentó una
propuesta en septiembre que fue asumida por el gobierno para la
elaboración de la ley de Ingresos que ha presentado para su
discusión en la Cámara de Diputados. Su contenido fue bastante
modificado. No se han aprobado las reducciones en el IVA ni en los tipos
impositivos a las personas físicas; pero se han aprobado tanto la
reducción del ISR para las empresas del 33% al 30% en 2005, al 28%
en 2006 y al 27% en 2007 como el régimen fiscal de PEMEX con la
idea de reducir su aportación al gobierno federal; y, al mismo tiempo,
se ha abierto la puerta a un nuevo tipo de ajustador fiscal
compensatorio de ingresos que permita aumentar los impuestos cuando baje el
precio del petróleo en el mercado internacional. Mientras tanto, se
aprobó una reforma del sistema de pensiones del Instituto Mexicano de
Seguridad Social (IMSS) que resuelve los compromisos del sistema a largo plazo,
pero deja sin resolver los de corto y medio plazo.
¿Se está verificando una
nueva inserción internacional que favorece la reducción de la
vulnerabilidad externa? El reducido saldo negativo de la balanza de
transacciones corrientes se está registrando al mismo tiempo que tiene
lugar una significativa expansión de la economía, rasgo que es
característico de la tendencia de los últimos años y que
puede no estar determinado por los elementos de la fase recesiva 2001-2003. Es
un fenómeno contrario al que se verificó en los años
noventa antes de la crisis del tequila de finales de 1994. En esa etapa, la
expansión de la actividad económica iba acompañada de
elevados déficit en cuenta corriente que requerían a su vez
crecientes entradas de capitales. En esta nueva etapa, sin embargo, el nivel de
déficit correspondiente a cada punto de crecimiento es
significativamente menor. Esto estaría mostrando, como señalamos
en el ARI anterior, que la economía mexicana podría estar
definiendo un nuevo patrón de inserción en la economía
internacional: pasando de una inserción de cuenta de capital
(capital account) a una inserción de cuenta comercial
(trade account) y cambiando, por tanto, su esquema de
financiación externa.
Junto al crecimiento de las exportaciones de
mercancías (mayores de lo esperado por los altos precios del
petróleo de los últimos seis meses) se incrementan las de
servicios donde destacan los ingresos por turismo y las
transferencias corrientes provenientes de remesas de emigrantes, que llegan a
representar algo más del 80% de las exportaciones de petróleo y
cerca del 2,4% del PIB. Al mismo tiempo, crecen las importaciones y los pagos
de servicios factoriales (pago de intereses y amortizaciones de deuda, y
repatriación de beneficios de las inversiones extranjeras), determinando
un déficit en cuenta corriente que se situará a finales de 2004
en torno al 1,4% del PIB. Pero este déficit se financia con las entradas
de flujos de inversiones extranjeras directas, que en 2004 alcanzarán un
flujo total cercano a los 16.500 millones de dólares, flujo que es dos
veces superior al déficit en cuenta corriente. Es cierto que una parte
significativa de estos flujos se explica por la compra de una nueva
participación de Bancomer por parte del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria
(BBVA) respecto a la que ya tenía por valor de 4.900 millones de
dólares, pero no es menos cierto que si las inversiones directas en
servicios representan más del 50% del total, las inversiones en
actividades industriales todavía absorben alrededor del 40%. Es por eso
que el acuerdo de libre comercio firmado con Japón el pasado mes de
septiembre apuesta por convertirse en un instrumento de poderosa
atracción de inversiones directas japonesas en México, en
particular en actividades industriales.
En esta línea, México ha
conseguido aumentar tanto las reservas internacionales brutas como las netas y
reducir la vulnerabilidad externa tanto a corto como a medio y largo plazo. A
corto plazo ha registrado una notable mejora en su posición de liquidez
debido a que las reservas a finales de agosto superaban los 60.000 millones de
dólares. De esta forma, la posición de liquidez medida por la
relación entre la deuda externa de corto plazo y las reservas netas
internacionales se ha situado en un coeficiente estimado de 0,56; y algo
similar ha sucedido con la evolución de su solvencia externa
medida por la relación deuda externa total sobre
exportaciones puesto que su coeficiente se situaba en agosto en 0,8,
frente a 2,7 en Brasil y 5,2 en Argentina.
Conclusiones: En 2004 la
economía mexicana ha conseguido aprovechar el viento favorable de la
economía americana y alcanzar una tasa de crecimiento cercana al 4,3%.
El dinamismo, por tanto, se ha centrado en las exportaciones, pero el impulso
de la demanda ha sido tan intenso que ha estimulado la recuperación de
la inversión primero en las propias actividades de exportación y
después en otros sectores relacionados. Al mismo tiempo han crecido
también los ingresos del turismo y las entradas por remesas de
emigrantes. Este nuevo contexto ha provocado un cambio positivo en las
expectativas, a pesar de la moderada recuperación de los niveles de
empleo y del discreto aumento de los salarios, que ha estimulado el crecimiento
del consumo apoyado también en el volumen de las remesas y en la
expansión del crédito. Desde mediados de año la
inflación comenzó a salirse del rango previsto. Pero la
política económica ha seguido con su disciplina monetaria y su
peculiar disciplina fiscal para mantener el rumbo hacia los objetivos que
considera prioritarios: el control de la inflación y del déficit
de las cuentas públicas y una adecuada gestión de la deuda
pública. Un resultado quizá no perseguido de manera deliberada
como prioritario es reducir la vulnerabilidad externa. Y, sin embargo, la
economía mexicana parece ir consiguiendo establecer, al menos por ahora,
una inserción externa del tipo trade account, que le hace menos
dependiente de los flujos financieros internacionales y favorece la
acumulación de reservas.
Alfredo Arahuetes
García Profesor Titular de Economía Internacional, en la
actualidad Vicedecano de la Facultad de Ciencias Económicas y
Empresariales (ICADE) de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid y
Colaborador del Área de Economía Internacional del Real Instituto
Elcano
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