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El sector del calzado
     Un líder europeo en horas bajas

 

Miguel Angel Sastre

La industria del calzado aporta el 1% del comercio exterior de España. El alto grado de internacionalización y la concentración empresarial en torno a la zona del Levante son dos de las características esenciales de un sector que, en los últimos años, asiste a una de las más fuertes crisis -si no la que más- de su historia. El prestigio de la marca y su integración en una estrategia europea pueden convertirse en tablas de salvación.

La cuarta parte de los zapatos que se fabrican en Europa se hacen en nuestro país. El dato pone de manifiesto la importancia del sector español del calzado en el marco internacional. Estamos, pues, ante una de las industrias tradicionales de la economía española, con una historia exitosa, aunque no exenta de dificultades y situaciones de incertidumbre, como la que atraviesa en la actualidad. La consecuencia directa de la crisis actual es la quiebra de empresas emblemáticas y la consiguiente destrucción de empleo, como ocurrió en mayo pasado con la firma ilicitana Martínez Valero, cuyo cierre afectó a más de 140 familias. Lo cierto es que, mientras unos han buscado explicación en factores externos, como la apreciación del euro frente al dólar o la repercusión de las crisis internacionales en la industria manufacturera, y otros han apuntado la necesidad de reformas estructurales, en lo que va de 2004 más de un millar de trabajadores del sector han perdido su puesto de trabajo.

La cuesta abajo

El año 2001 representa, al igual que en otros muchos sectores de la economía española, el punto de inflexión entre la tendencia positiva y la negativa. La prueba, una vez más, la aportan los datos de empleo: si en aquel año los trabajadores del sector lo eran en número superior a 48.000, en 2002 apenas superaban los 46.300 y en 2003 descendían a poco más de 44.450. El cierre de empresas es otro de los argumentos que testifica la existencia de crisis en el sector, si bien 2002 fue un año muy favorable en este apartado, pasándose de las 2.761 entidades que funcionaban en 2001 a las 2.819 un año después. No obstante, según los números de la Federación de Industrias del Calzado Español (FICE), en 2003 el número de empresas quedó reducido a 2.287, es decir, el año pasado pararon 532 fábricas.

Concentración geográfica

La industria del calzado en España se halla masivamente en la Comunidad Valenciana, pues en ella se concentra el 65,55% del total de las empresas del sector. A gran distancia se sitúan Castilla-La Mancha (11,07%), La Rioja (6,96%), Islas Baleares (5,97%), Aragón (4,30%), Murcia (2,81%) y Andalucía (0,95%). Por provincias destaca Alicante, donde municipios como Elda, Elche y Villena conservan una arraigada tradición zapatera.

Salir de la crisis

De hecho, es en los centros industriales de estas localidades levantinas donde más se está notando el azote de la crisis, y es allí precisamente donde las asociaciones sectoriales se están mostrando más activas a la hora de tratar de paliar sus efectos. Hace unos meses, el presidente de la patronal del calzado ilicitana, Pedro Méndez, reiteraba una petición al Gobierno central para que la industria del calzado sea considerada una actividad temporera, con el fin de que se exima del pago de la Seguridad Social a las empresas durante el tiempo en que están paradas por cambio de temporada, una medida que aliviaría en cierto modo la carga fiscal en periodos de mayor inactividad.

Este verano, una delegación compuesta por los alcaldes de Elche, Almansa y Elda, los presidentes de las asociaciones del calzado de estas tres localidades, el diputado ilicitano Carlos González y el presidente de la FICE, Rafael Calvo, se trasladó a Madrid para expresar al ministro de Industria, José Montilla, su preocupación por la situación que vive el sector, a lo que el ministro respondió garantizando su plena disposición a colaborar con el sector zapatero en su afán de remontar el vuelo. Según voces autorizadas, para conseguir ese objetivo será necesaria una labor encaminada a potenciar la marca made in Spain, el fomento de la formación, un mayor empuje en innovación y la consolidación del mercado interior.

Recuperar cuota de consumo interno

Este último objetivo, el de consolidar el mercado nacional, entronca con una de las grandes paradojas que envuelven a la industria zapatera española, ya que, siendo nuestro país uno de los principales productores europeos y mundiales de zapatos, el 74%.

del calzado que consumimos los españoles procede de fuera de nuestras fronteras, al tiempo que la industria española exporta el 74% de lo que fabrica. Parece evidente, entonces, que la reorientación del consumo nacional hacia el producto español ayudaría notablemente a mejorar los resultados en el sector y a hacer frente a la crisis con mayores garantías. Por otra parte, el elevado porcentaje exportador nos habla del alto grado de internacionalización de la industria zapatera española, que vende al exterior prácticamente las tres cuartas partes de su producción. Esto es muy destacable, ya que demuestra la alta aceptación que los zapatos españoles tienen en los mercados internacionales. No es extraño, pues, ver marcas españolas en los escaparates parisinos de Galerías Lafayette o en los archiconocidos almacenes londinenses Harrod's. Además, hay fabricantes españoles que orientan la comercialización de sus marcas a mercados más lejanos y difíciles, como el asiático. Ras, Alima, Audley, Dalp Internacional, Chie Mihara, Mezlan o Camper son algunas de las firmas españolas más internacionales.

Balanza comercial

El sector del calzado supone el 1% del comercio exterior de España. Nuestro país importó el año pasado 131,26 millones de pares de zapatos, cuyo valor ascendió a 1.008,84 millones de euros. No obstante, la balanza comercial siguió siendo positiva en 911,07 millones, gracias a la elevada cuota exportadora que mantiene el sector, que en 2003 se tradujo en ventas por 1.919,9 millones de euros. Sin embargo, en cuanto a cantidades de producto, 2003 arrojó por primera vez un balance negativo de 4,42 puntos porcentuales, al colocar en el exterior menos pares de los que se importaron (126,83 frente 131,26 millones). La explicación a esta disociación entre el signo de los resultados económicos y el de las cantidades importadas y exportadas habla de la apuesta de la industria española por centrar su estrategia en la fabricación de un producto de gama alta y media-alta, con un gran componente de diseño y calidad, a fin de conseguir una mayor diferenciación respecto a los zapatos procedentes de terceros mercados, como el asiático (especialmente China) o el sudamericano (Brasil y México, fundamentalmente). Es decir, los zapatos españoles tienden a ser mejores y más caros que los que se hacen en aquellos países, razón por la que vendiéndose menos cantidad al exterior de la que se importa los resultados económicos siguen mostrándose en positivo.

El desembarco asiático

China se ha convertido en el gran proveedor de zapatos del mercado español, representando sus ventas casi las dos terceras partes de lo que importamos, cerca de 62 millones de pares en 2003. Destacan también otros países del sudeste asiático ,como Vietnam y Taiwán, con cifras superiores a los nueve y ocho millones respectivamente. Ante el desembarco a gran escala de la producción asiática en nuestro país y en toda Europa, se impone la necesidad de una nueva estrategia que, como se apunta desde la FICE, pasa por cambiar el rumbo de la actividad, para que de estar basada en los recursos y dirigida por la industria pase a estar basada en el conocimiento y dirigida por el mercado. "El mercado es el que va a mandar en el futuro", asegura su presidente, Rafael Calvo.

El problema ha despertado la conciencia del sector a nivel europeo y a finales de 2003 la Comisión Europea daba el espaldarazo al sexto programa marco elaborado por la Confederación Europea del Calzado (CEE), que prevé ejecutar en el plazo de diez años diversas iniciativas, acciones y proyectos para fortalecer e incrementar la rentabilidad del zapato made in Europe frente al asiático. La cooperación, la I+D, la innovación y las nuevas tecnologías parecen ser los instrumentos adecuados para llevar a cabo acciones estratégicas basadas en la moda y la imagen de marca como factores revitalizadores de la industria europea y española.

De la amenaza a la oportunidad

Otra de las posibilidades que se apuntan es la de combatir al "enemigo" con sus propias armas. Es decir, si los productos chinos invaden el mercado español y ello no se puede impedir, porque China como miembro de la Organización Mundial del Comercio cumple con los aspectos legales -cuestión que hay que vigilar- penetremos con nuestros productos en el "gigante asiático", un mercado con más de 1.300 millones de habitantes, cuyo poder adquisitivo crece día a día y cuyos hábitos de consumo se acercan cada vez más a los parámetros occidentales. El propio presidente de la FICE reconocía durante la celebración de la I Semana del Calzado, en mayo de 2004, que "tenemos que volcarnos en vender en China, ofreciendo algo distinto a lo que el país fabrica". Desde esta perspectiva, el país asiático puede pasar de representar una terrible amenaza para el sector a convertirse en una gran oportunidad de negocio. Sin embargo, la operación no es fácil. Muchos y poderosos son los que aspiran a lo mismo, por lo que cada paso debe estar pensado, calculado y coordinado a fin de evitar aventuras costosas e infructuosas. Desde la patronal española del calzado se apuesta por una estrategia global europea, pensando en conseguir mayor impacto que si la industria de cada país acude a aquel mercado por separado.

Otra de las vías de solución pasa por que las empresas deslocalicen parte de sus procesos y acudan a aquellos países en que las condiciones fiscales son más beneficiosas y la mano de obra más barata, tal como ha ocurrido en países como Alemania, donde el 30% de las empresas han trasladado su producción al extranjero. Evidentemente, esta sería la medida más impopular de todas, aunque hay empresas que ya han efectuado movimientos en esta dirección.

Miguel Angel Sastre